Por Jorge Daniel Brahim
Para LA GACETA - TUCUMÁN
El mapamundi contemporáneo y el intento de constituir una mancomunión global deben sus existencias al resultado de las dos grandes guerras de comienzos del siglo pasado. La Sociedad de las Naciones, al final de la Gran Guerra, en 1919, y luego, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1945, al concluir la Segunda Guerra Mundial, conformaron la grilla de países reconocidos jurídicamente por la comunidad internacional. En la actualidad la ONU reúne 195 países, de los cuales 193 son miembros plenos y sólo dos son observadores permanentes: los Estados del Vaticano y de Palestina. Por lo tanto, el grupo selecto que tiene a su cargo las interrelaciones entre países consta de tan sólo 195 personas. Son esos cancilleres, justamente, quienes constituyen el cenáculo de privilegiados que deben llevar adelante, tarea diplomática mediante, las negociaciones para el funcionamiento virtuoso del mundo. Y son, sin dudas, verdaderos privilegiados, porque en esas pocas manos descansa el entendimiento entre naciones, sobre todo si comparados con la población mundial, de 8.300 millones de habitantes, equivalen a dos cancilleres cada 100 millones de habitantes. Pertenecer, entonces, a la “Mesa de Cancilleres” es de pocos y de elegidos. Por allí desfilaron Maquiavelo, Richelieu, Talleyrand-Périgord, Metternich, Canning, Kissinger.
Omar Paganini estuvo sentado a esa Mesa entre noviembre de 2023 y marzo de 2025 representando al gobierno de la República Oriental del Uruguay. Allí, desde ese sitial de excepción, sirviéndose de la mejor platea a la que una persona puede aspirar, observó el teatro dramático del orbe, lo interpretó, interactuó con sus pares y tuvo la oportunidad de conocer como pocos el estado del mundo.
-Al llegar a la cartera de Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay ¿con qué panorama te encontraste a nivel regional y a nivel mundial?
-Es una pregunta muy amplia y, mirando para atrás, llama la atención que algunas cosas hayan cambiado aceleradamente. Era entonces el 2023 y un mes atrás Hamas había desencadenado su brutal matanza en Gaza, la guerra de Ucrania llevaba casi dos años y en Venezuela se avanzaba a los tumbos con un proceso electoral que ya mostraba sus falencias. En la Casa Blanca estaba Biden. En Argentina, Alberto Fernández. La retórica internacional que promovían los organismos internacionales era la del desarrollo sostenible y el multilateralismo, aunque los problemas se amontonaban. Luego todo eso ha cambiado. En el Mercosur veníamos sufriendo el impulso proteccionista de la Argentina de Fernández y los intentos brasileños de controlar la apertura al mundo de los demás países. Habíamos pasado varios años reclamando el sinceramiento y la flexibilización del Mercosur, afirmando que se podía negociar con terceros por separado, como por ejemplo con el Acuerdo Transpacífico, los EE. UU. o China. Hoy vemos que la Argentina ha asumido posturas como las de Uruguay, y que los acuerdos que ha firmado el Mercosur (por ejemplo, con la Unión Europea) lo alejan de su problema como mercado cautivo del Brasil.
-¿Cuál es tu evaluación sobre el futuro de la gobernanza en el orden mundial teniendo en cuenta las políticas de los líderes dominantes, léanse Trump, Putin, Xi Jinping?
-Por una parte, son evidentes los problemas de las instituciones de la gobernanza internacional, una burocracia pesada y costosa que en su momento se había lanzado a una ambiciosa agenda de tipo social y ambiental, pero se mostraba ineficaz en la solución de conflictos o en el avance del libre comercio. Los problemas se precipitaron. Putin invadió Ucrania violando los principios de la Carta de la ONU. Trump lanzó su disruptiva política arancelaria, desconociendo los principios de la Organización Mundial del Comercio. Emprendió la guerra de Irán, que ha bombardeado todo el Medio Oriente y cerrado el estrecho de Ormuz. En fin, están siendo desconocidas una infinidad de reglas aceptadas por la comunidad internacional. Es notoriamente una crisis muy profunda. Debemos reinventar una gobernanza mundial multilateral.
-Para la teoría política la conquista de la democracia liberal fue una evolución virtuosa; hoy parece estar jaqueada por los populismos de distintos signos y por las autocracias. ¿Cuán amenazada se encuentra realmente?
-Los síntomas están a la vista. Primero, las encuestas de opinión pública a nivel internacional muestran un deterioro del apoyo popular a la democracia como forma de gobierno. Segundo, buena parte de los países son gobernados por autocracias, como el caso de China con su régimen indiscutiblemente autoritario, y además, decenas de autocracias de diferente tipo y signo. Tercero, en varias democracias vemos emerger liderazgos fuertes que ven en las instituciones una traba, un problema. Les molesta la división de poderes y pretenden fortalecer el Poder Ejecutivo para ser eficaces y avanzar rápido. En mi opinión conspiran contra la democracia liberal diferentes fuerzas, desde la dificultad de los partidos políticos y sus líderes para articular y canalizar a la opinión pública en estos tiempos de redes sociales y fake news, hasta el fortalecimiento de las políticas identitarias que dividen a la sociedad y exacerban conflictos blandiendo la idea del “ellos contra nosotros”. Los outsiders y la polarización política están a la orden del día y se debilita el funcionamiento institucional, impulsando el populismo. La intoxicación populista enfermó de gravedad la democracia liberal.
-A propósito, el populismo, que carga con una impronta rousseauniana, es “la versión desfigurada de la democracia” —en palabras de Natalio Botana— que concibe el poder como transferencia delegativa y donde el pueblo espera todo de la “magnanimidad del monarca”, ¿por qué se sigue expandiendo a pesar de su probado fracaso en tiempos en que la libertad aparece amenazada?
-Cuando se polariza la sociedad y se crean las “grietas”, una parte de la sociedad suele arrogarse la representación legítima del pueblo contra la otra parte, que son los enemigos. Ese pensamiento está en la raíz de los populismos y tiene su origen en Rousseau y su “voluntad general”.
-En el examen de las formas de gobiernos que se instalan en los días que corren colegiste que sus tendencias ideológicas siguen circunscriptas a la influencia conceptual del pensamiento de Locke, Hobbes o Rousseau. ¿Cuáles serían los ejemplos concretos de cada uno de ellos?
-Se puede decir que las concepciones de estos tres pensadores están presentes en la realidad global de hoy. Hobbes postula el Estado fuerte, donde solamente importa el orden y el poder. Fue la forma de pensar de las dictaduras del Cono Sur, pero también lo es en autocracias y tecnocracias modernas. Rousseau postula que el hombre “es bueno por naturaleza”, y que son las instituciones corruptas las que deben ser demolidas para liberar a la sociedad reemplazándolas por la expresión de “la voluntad general”. Esta visión es típica de los totalitarismos y los procesos revolucionarios, que paradójicamente suelen terminar en autoritarismos “a lo Hobbes”, como en el proceso venezolano, el fascismo y las revoluciones comunistas. Locke es el teórico de la democracia liberal, que postula la necesidad del Estado, pero plantea la necesidad de proteger la libertad del ciudadano mediante garantías institucionales. Locke y Montesquieu trazaron el fundamento de las democracias modernas.
-Manual urgente para un mundo incierto, tal el título de tu libro. Sabiendo que la incertidumbre, desde el punto de vista filosófico, es connatural a la condición humana, es su propio “Gólgota”, ¿cuál es, específicamente, la mayor incertidumbre que enfrentamos como humanidad en la actualidad?
-Hay tres fuentes de incertidumbre: la institucional, la tecnológica y la bélica. En primer término, estamos frente a una crisis del paradigma de desarrollo, que era el de la democracia liberal, la economía de mercado, el comercio internacional cada vez más libre, el desarrollo sostenible. Luego está la aceleración del cambio tecnológico, las transformaciones vertiginosas que trae. Finalmente, las guerras amenazan la paz mundial. Basta pensar que hacía un largo tiempo que no se mencionaban las armas nucleares y el tema reapareció luego de Ucrania. Al decir del periodista estadounidense Ross Douthat, ¿nos encaminamos hacia un oscuro mundo autoritario, hacia la abundancia tecnológica, o hacia guerras apocalípticas?
-Juan Bautista Alberdi, ya en 1870, adelantó la gran utopía de un mundo con fronteras permeables o, más aún, sin ningún tipo de fronteras, con la idea de “pueblo-mundo”. De esta forma fue precursor de la ONU. A la luz del eminente fracaso de este organismo en lo concerniente a la paz y el respeto de sus miembros, y teniendo en cuenta que el vocablo “multilateralismo” está viciado por su uso vano, proponés la “multilateralidad” como instancia superadora de la relación recíproca entre las naciones.
-Más allá de las críticas al multilateralismo tal cual lo conocemos, los problemas supranacionales siempre existirán y se van a multiplicar. Me refiero a los temas ambientales, a las migraciones, al crimen organizado, a la gobernanza de las finanzas y la tecnología, y tantos otros. Los Estados-nación necesitan coordinar para enfrentarlos con eficacia. Debemos volver a los cometidos principales de la gobernanza internacional, no es pensable el futuro sin multilateralidad, sin capacidad de acordar reglas a nivel global.
© LA GACETA
Los desafíos del mañana*
Por Luis Lacalle Pou
Omar Paganini es una persona inteligente y versátil. Supo ocupar la cartera de Industria, Energía y Minería y la de Relaciones Exteriores con equilibrio y rumbo adecuado. Si a esto le sumamos su pasaje por la actividad privada y la academia, no sorprende que haya creado esta obra.
Incluye filosofía, sociología, geopolítica, relaciones internacionales, ciencia y tecnología con un hilo con ductor que hace de su lectura un verdadero documento esclarecedor del porqué y cómo se desarrollan distintos eventos en la historia de la humanidad. Si bien la historia no se repite, hay patrones de conducta que están presentes ayer y hoy. Este texto pretende ayudarnos a comprender los desafíos del mañana basados en la esencia del individuo, desafíos inciertos a los que nos vamos a enfrentar cada vez con más asiduidad.
Relata una actualidad desde el optimismo liberal sin ingenuidad y carga la responsabilidad sobre los actores (mayoritariamente políticos) con capacidad de influenciar a las distintas naciones y al mundo entero.
Al mismo tiempo, relata con precisión las estrategias comerciales de las grandes naciones como Estados Unidos y China que no dejan de sorprender por las tácticas elegidas que poco representan los postulados históricos, por lo menos de una de ellas.
*Fragmento del prólogo de Manual urgente para un mundo incierto.
PERFIL
Omar Paganini es ingeniero electricista, tiene un máster en dirección de empresas y estudios en em-prendedurismo y negociación en las universidades de Stanford, Berkeley y Harvard. Fue director de la UCU Business School, vicerrector de Gestión económica y desarrollo y decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay, canciller y ministro de Energía y Minería durante el gobierno de Luis Lacalle Pou.